Fuente: Diario Los Andes

Por Miguel Títiro – mtitiro@losandes.com.ar

Escuchamos mucho últimamente hablar de los “Ni Ni”, la forma de categorizar a los jóvenes que no estudian ni trabajan. No vamos a negar su existencia, cuyo número ronda los 900.000 según una estimación del Consejo de Educación Católica, o 550.000, en la óptica del Ministerio de Educación de la Nación, pero en esta entrega queremos ponderar a aquellos jóvenes que, a pesar de las adversidades que deben enfrentar cada día, estudian y trabajan, ya sea cuidando a sus hermanos menores, junto a sus padres o haciendo pequeñas tareas, changuitas podríamos decir.
Muchos de ellos pasan frío extremo en invierno y un calor agobiante en verano. Sus viviendas no les ofrecen nada mejor; caminan más de lo que es recomendable con una alimentación no siempre bien balanceada; cursan  en ambientes poco adecuados: mala e insuficiente iluminación, careciendo de un lugar tranquilo para concentrarse. Otros no viven situaciones tan hostiles pero tampoco son las más favorables, considerando que son alumnos destacados.
La Fundación Fonbec (Fondo de Becas para Estudiantes) tiene el privilegio y la vocación de compartir historias que balancean la triste realidad de los “Ni Ni”.
Podríamos, contar sin exagerar, cientos de historias de chicos que han recibido el amparo de la institución, pero nos limitamos a la de los hermanos Santos. Son 5 entre los 13 y 23 años: cuando no estudian, trabajan en el campo ayudando a sus padres, en El Zampalito (Tupungato).
Los 5 hijos fueron escoltas y/o abanderados en la primaria y secundaria, caminando más de 4 kilómetros para llegar a tomar el ómnibus para ir a una escuela técnica. Hoy estudian: dos ingeniería, una administración, y los menores aún no terminan la secundaria.
Feliciano, el papá, quiere que sus hijos estudien “para que no estén esclavizados como yo, que no sé hacer otra cosa que trabajar la tierra”. Claudia, la mamá, refuerza la idea, y dice que se sacrifica por sus vástagos: “Si no, no tendría sentido trabajar tanto”. Indudablemente heredaron la sabiduría de sus antecesores.
Un honor entonces para la fundación, que esta realidad de un paraje del Valle de Uco haya tenido final feliz. Con el Estado de por medio, y con empresas con responsabilidad social involucradas, tendrían que haber más casos como el relatado. Fonbec tiene 400 beneficiarios en Mendoza y 1.000 en el resto de Argentina.

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